27 de enero de 2010

El jardín de los suplicios, de Octave Mirbeau


Hoy no toca hablar de una novedad literaria, no. Hoy nos vamos a dedicar a una reedición, la de la celebérrima novela del autor francés Octave Mirbeau, del que luego haremos una corta reseña. La obra en cuestión se trata del Jardín de los Suplicios, dura y polémica narrativa que produjo escándalo y división de opiniones en el momento de su publicación (1899), en la Francia de la tercera república. Encuadrada en el llamado “decadentismo francés” obtuvo un enorme éxito y gran repercusión (tal vez por el alboroto conseguido). Está básicamente dividida en tres partes, pero perfectamente unidas con el hilo conductor de un narrador. En la primera se hace una disquisición, un debate, entre varios prohombres sobre lo connatural que es al ser humano el asesinato. La segunda trata de un ascenso político, y retrata la corrupción imperante, la tercera nos imbuye en un viaje por los sentidos, por lo carnal, pero sobre todo por el oscuro sentimiento que provoca en el narrador una libertina inglesa, mitad ser divino, mitad diablo perverso, que lo arrastra hasta el más oscuro y sensitivo mundo del sadismo. Será allí entre los muros del Jardín de los Suplicios, lugar hermoso, pero usado para torturar con malévolo refinamiento a los presos, donde Clara, la inglesa de la que hablamos, escandalice y atraiga a su juego de placer, pasión y demencia al protagonista. Siempre se ha considerado que esta novela constituía una dura crítica a la situación en que se sustentaba la III República Francesa, dominada por sentimientos e ideologías nacionalistas, antisemitas, corrupción, vulgaridad e hipocresía. Todo ello quizá aderezado por la situación creada por el famoso caso Dreyfus (Alfred Dreyfus, 1859-1935), oficial acusado de espiar para los alemanes, lo que le conllevó una dura condena en la temida prisión de la Isla del Diablo, cuando en realidad el verdadero espía era otro oficial al que simplemente se le cambió de destino, tal vez para ocultar el enorme error cometido. Excelente narrativa que se debe digerir en pequeñas dosis, como si fuese un magnífico coñac, o un whisky de reserva, o un buen vino; es decir, poco a poco. Así es como realmente se consigue captar todo en trasfondo que subyace en la obra. Está reeditada por la Editorial Impedimenta, con traducción de Lluís Maria Todó. Imprescindible.


Octave Mirbeau: Excelente escritor francés nacido en Normandía (1848) y fallecido en París (1917). Su educación en un colegio religioso marcaría su posterior anticlericalismo, fruto del cual surgiría la novela Sébatien Roch, donde vuelca ese marcado carácter describiendo duras escenas explícitas de sexo. Su obra literaria tiene muchos matices y diversos temas, pero siempre se le ha considerado como un autor situado al lado de los desfavorecidos por el destino. Muy crítico con el status gobernante, con la misma sociedad, pacifista y antimilitarista, se convirtió en un duro fustigador del momento social que le tocó vivir. Su obra es estimable y, como sugería en la reseña de la novela que nos ocupa, obligada a leer en pequeñas dosis. Su trabajo como periodista y como autor en la sobra (me parece más apropiado este eufemismo que la expresión negro literario) seguramente le hayan convertido en un escritor prolífico, pero la primera novela publicada con su nombre es Le Calvaire (1886), donde describe el mal de amores sufrido en propias carnes. Dos años después publica L´Abbé Jules, considerada por la crítica especializada como “la primera novela dostoievskiana y prefreudiana de la literatura francesa”. Otras novelas, igualmente con la etiqueta de escandalosas son: Memoria de Georges el Amargado, Diario de una camarera, Veintiuna jornadas de un neurasténico, Dingo y 628-E8. Su última etapa le convierte en un autor alejado de la narrativa realista, transgrediendo los límites impuestos hasta entonces a la novela.

Fuente para la redacción del post: Editorial Impedimenta
Enlace ficha de la novela

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