12 de abril de 2010

Novela Descansa en paz

Quizá no debiera escribir nada sobre la novela, publicada ya en marzo, de John Ajvide Lindqvist, quizá, pero soy un rompedor de quizaces, de secuencias de ideas que debería apartar de mi mente. Y lo digo por lo publicitada que ha sido ya, que casi se cuentan por decenas todos los artículos que ha provocado su lanzamiento, amén de reseñas y post; pero me puede el romanticismo, la lucha que se desarrolla en mi interior mientras escribo y pienso: ¿Qué hago yo redactando esto? A ver, amiguitos y amiguitas, ¿No os pasa a vosotros igual? ¡¡¡Claro!!! Pues eso, que allá que voy.


En primer lugar, su anterior novela, llevada al cine de forma más que digna, trazaba una curiosa forma de entender un mundo, el de los vampiros, que me cautivó, así que aquí (pensé yo para mis adentros antes de comenzar la lectura) a lo mejor abundaba en lo mismo. O tal vez le dé un nuevo enfoque. No sé, pero tras leer obras de corte muy similar (en cuanto al argumento, me refiero) como Nocturna, Apocalipsis island, o, por el contrario, edulcoradas y rosáceas pero muy bien presentadas y estructuradas (caso de la muy agradable de leer saga Crepúsculo), o ver producciones cinematográficas sobre el tema, repito, no sé, pero me daba cierta desgana, fatiga, iniciar algo así, menos mal que no era de esos libros tochos, de páginas incontables que producen indigestión papirística (por lo menos a mí, que sólo me enseñaron a contar hasta 50 sin problemas, a partir de ahí, me invento las cifras). Bueno, ¡¡¡Ya!!! Se terminó el divagar, vamos al grano.

Novela del autor de “Déjame entrar”, que presenta un nuevo enfoque sobre los seres humanos que fallecen y se levantan de sus tumbas para darse al deambuleo sonambulesco por las calles de su siudá o pueblo, pretendiendo en su patético intento pasar desapercibidos entre la maraña de gente rara rara que se dedica a lo mismo, pero sin la excusa aparente de la muerte, o del regreso de la muerte. En esta sabia y bien escrita novela nos cuadra más lo que el autor dice: no tienen por qué comer carne humana, no, podrían dedicarse a nutrirse de babas o de otros fluidos (Ay, que me viene a la memoria una producción mitad erótica mitad delito de los años setenta y algo titulada “Las hijas de sperma”; que conste que era de marcianas, eh), o simplemente de alimentos más normalitos; ni ser necesariamente malos o torpes; ni provocar enconadas guerras de exterminio mutuo entre los no y los sí. Claro, hombre, que no tenemos motivos para temerlos por su hipernatremia rara, no. Pues me ha gustado el susodicho enfoque que presenta el señor Ajvide, el intento por recobrar una normalidad aparente, incluso dentro de la anormalidad que supone regresar de donde no se puede volver. Siempre he creído que cuando hacemos el ridículo cayéndonos de forma absurda, no sé, me da a mí que nos pasa algo igual, ya sabéis, el intento de disimular, de hacer como si no nos hubiésemos roto el hueso ese que duele de narices, cómo duele, pero más nos fastidia el sonrojo, mucho más. Producción literaria para leer y disfrutar de su forma de narrar, de contar las peripecias y sentimiento que se suceden al producirse una anomalía en una ciudad como Estocolmo, una repentina elevación de la temperatura, lo que provoca una imposibilidad de apagar los aparatos eléctricos o la luz, que a su vez inicia un extraño campo magnético que hace que (no sé qué tiene que ver una cosa con la otra; en España siempre hemos dicho de determinados elixires, mayormente los fuertes, que “levantan a los muertos”, así que supongo que será una excusa para montar la metáfora) los fallecidos abandonen sus lugares de reposo para realizar un retorno a los entornos habituales, hogares, familia, etc. Magnífica literatura, muy en la línea de la ya mencionada anterior novela, poniendo a los vivos familiares en la tesitura de qué postura tomar ante tamaño regreso. Muy bien explicitadas determinadas escenas narradas, que pudieran dar lugar a repulsión o risa, pero que logran conmover por la enorme carga de sensibilidad que atesora. El frío sueco, el clima, me refiero, está últimamente generando una buena pléyade de autores de renombre, quiero decir que está volviendo por sus fueros, que siempre se reconoció a esos lugares por ser cuna de excelentes escritores, cineastas, actores, actrices y tenistas. Lo realmente curioso es que haya tardado tanto en ser publicada aquí, ya que tiene un retraso aparente con respecto a su edición en Suecia. Ahora, gracias a la editorial Espasa podemos deleitarnos con esta joya de la corona escandinava. En pocas palabras, a leer.

Este post ha sido redactado bajo la influencia de un determinado elixir que no se puede nombrar, así que, por favor, perdonad las incoherencias, las faltas de ortografía o la… ¿cómo se dice? Inconexa redacción, eso. Ah, también las palagras inestintentes. Gracias.

Reseña de la editorial sobre el autor: John Ajvide Lindqvist. (Blackeberg, Suecia, 1968) es, en palabras del secretario de la Academia Sueca, uno de los autores europeos más prometedores. Encuadradas en el género de terror, por la calidad de su estilo, la originalidad de sus tramas y su peculiar y lúcida visión del mundo contemporáneo, sus novelas están llamadas a convertirse en auténticos clásicos. Ha recibido excelentes críticas, tanto en Suecia, como en los diferentes países donde se han traducido sus obras.

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